Pintuna

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Nuestra historia

Legado artesanal

Lara Lladhon es la tercera generación de una familia de inmigrantes sirio-libaneses y ucranianos. Creció entre textiles: el ajuar que se guardaba para cada chico que nacía en la familia.

El amor de las abuelas

En esa casa, preparar el ajuar era tarea de las abuelas. Cada pieza que esperaba a un recién nacido se tejía con los puntos y las técnicas más intrincadas que supieran, y entre ellas corría una rivalidad divertida por quién lograba la más linda. Nadie lo llamaba oficio ni herencia: simplemente era lo que se hacía cuando alguien estaba por llegar.

De esa competencia silenciosa quedó algo que no se enseña. Una manera de mirar las telas, de reconocer el trabajo que hay detrás de un punto bien hecho y de entender que un textil puede cargar la identidad de una familia entera. Lara lo llama el amor de las abuelas, y es el origen de todo lo que vino después.

En los años noventa, en su pueblo no había tantas opciones de deportes ni de actividades extracurriculares como hoy. Las chicas iban a aprender costura a los talleres de la biblioteca popular o, con suerte y paciencia, aprendían a tejer en casa.

Aprender bien

Después del almuerzo, recuerdo a mi abuela visitándonos todos los días para el café. En esas tardes de invierno, cuando el clima acompañaba, me enseñaba a tejer con dos agujas. Mi abuela, Antonia, era muy estricta enseñando: le gustaba que aprendieras rápido y bien.

La primera pieza que hice tenía dieciséis vueltas. Cuando le mostré orgullosa mi avance, enseguida notó un error. Me dijo que si quería aprender, tenía que desarmar diez vueltas y volver a tejerlas. Así se aprendía: sin atajos, deshaciendo lo que estaba mal aunque costara.

En su familia, cada una de sus hermanas tenía una tarea en la casa. Ella tejía y cosía la ropa de todos, mientras su hermana hacía bordados preciosos. De adolescente, en cada cumpleaños yo recibía un pañuelo bordado de mi mamá o de mi abuela. Hoy los atesoro y los exhibo con orgullo.

Mi abuela sabía incontables técnicas y creaba las piezas más hermosas.

Volver al telar

Las vueltas de la vida la conectaron con una familia de artistas artesanos. A través de ellos empezó a aprender técnicas de tejido y se sumergió en un mundo de colores, texturas y materiales nobles que reavivó su entusiasmo por crear. Lo que había sido un juego de infancia con dos agujas volvió convertido en oficio.

Ese aprendizaje no fue rápido. Aprender a tejer en telar lleva años, y sostener un taller lleva otros tantos. Después de mucho esfuerzo levantaron el suyo en el corazón del monte santiagueño.

El taller

Inmersos en la naturaleza y respetando sus tiempos, tejemos junto a un equipo de artesanas y artesanos del monte santiagueño.

El taller no está cerca del monte: está adentro. La lana llega del campo, entra por una punta del proceso y sale por la otra convertida en pieza, sin salir del taller en el medio.

Trabajar así impone un ritmo propio. Ninguna etapa se puede apurar sin que se note en la siguiente, y ninguna pieza termina igual a la anterior. Es, en el fondo, la misma lección de las diez vueltas deshechas: si algo está mal, se vuelve atrás.

Del vellón al telar

Ocho pasos, todos a mano

Cada pieza se hace con lana de oveja y recorre el proceso completo dentro del taller. Entre el vellón recién cortado y la tela terminada hay ocho etapas, y ninguna se saltea.

  1. 01

    Esquila

    Se corta el vellón de la oveja. Es el punto de partida y sucede en el campo del productor.

  2. 02

    Selección

    Se aparta la fibra por finura, largo y color natural. No todo el vellón sirve para la misma pieza.

  3. 03

    Cardado

    Se abren y se alinean las fibras enredadas hasta dejar un velo parejo, listo para hilar.

  4. 04

    Hilado

    La fibra se estira y se tuerce hasta volverse hilo. La torsión decide cuánto resiste y cómo cae.

  5. 05

    Teñido

    El hilo toma color con tintes extraídos de plantas nativas del monte santiagueño.

  6. 06

    Urdido

    Se miden y se ordenan los hilos que corren a lo largo de la pieza: la urdimbre, que le da la estructura.

  7. 07

    Enhebrado

    Hilo por hilo, la urdimbre se monta en el telar. Es un trabajo minucioso: define el ancho y la densidad de la tela.

  8. 08

    Tejido en telar

    La trama cruza la urdimbre y la pieza empieza a aparecer. Todo a mano, pasada por pasada.

Vista aérea del taller de Pintuna en medio del monte santiagueño

2023

Después de varios años decidimos ponerle nombre al proyecto. Así nació formalmente Pintuna.

Para entonces ya había taller, equipo y oficio. Faltaba el nombre. Pintuna reúne las dos puntas de esta historia: las tardes de invierno aprendiendo a tejer con dos agujas y lo que hoy sale del telar, hecho de a una pieza por vez.

Retrato de Lara Lladhon, fundadora de Pintuna

Lara Lladhon

Fundadora de Pintuna